miércoles, 18 de marzo de 2026

 



Hoy comparto otro poema de mi padre.
Lo escribió y lo encontramos entre sus cosas, guardado en silencio, como tantas veces ocurre con los pensamientos más íntimos.

No sé exactamente cuándo lo escribió ni si alguna vez pensó en mostrarlo, pero al leerlo siento que en estas palabras sigue hablando con nosotros. Es una pequeña ventana a su manera de sentir, de mirar la vida y de expresarse.

Por eso hoy lo presento con cariño y con respeto, como un recuerdo suyo y como una forma de mantener viva su voz.

Este es un poema de mi padre.


LA MUERTE

Acabas de nacer y a tu lado
yo estaba;
no te llevé conmigo porque
con fuerza me rechazabas.

Seguía a tu lado cuando
las primeras palabras decías,
ocultándote mi rostro
de cuencas vacías.

Fuiste adolescente y mi mano
te tendía con tensión;
me despreciabas con firmeza
y aumentaba mi desesperación.

Cuando fuiste hombre,
más cerca estaba;
de noche dormías tranquilo,
sentada en tu lecho velaba.

No sé tu nombre, nada importa,
me odias, no me deseas,
pero nos unen apretados lazos.
Cuando las fuerzas te fallen
y estés desesperado,
tu novia eterna tenderá sus brazos.

Ves pensando en el mañana,
la hora sin remedio va llegando;
toda fuerza y vitalidad
de tu cuerpo va escapando.

Hoy agonizas en tu lecho,
mis ansias terminaron;
siento que me llamas, ya me perteneces,
tus días terminaron.
Ven a mí, con ansia te espero;
deposita un beso en mi frente
y fúndete en mis brazos:
¡los brazos de la muerte!

Juan

No hay comentarios:

Publicar un comentario