domingo, 15 de marzo de 2026

 

Carta a mi padre

Querido papá,

Te admiraba profundamente. Durante mucho tiempo fuiste para mí una figura grande, casi imposible de alcanzar. Y, sin embargo, con los años a veces me pregunto en qué momento se perdió la magia entre nosotros. No sé exactamente cuándo empezó a crecer la distancia, ni cómo dejamos de encontrarnos en las palabras, en los gestos sencillos, en la mirada.

Hay recuerdos que aún guardo con una mezcla de ternura y nostalgia. Momentos en los que todo parecía más fácil, cuando aún no existían los silencios largos ni las cosas que nunca llegamos a decirnos.

Hoy, con el paso del tiempo, pienso mucho en tu vida. En lo dura que fue tu juventud, en el peso que tuviste que aprender a llevar demasiado pronto. Cinco años en la Legión y tres como legionario paracaidista no solo fueron una etapa de tu vida; seguramente fueron también una escuela de dureza, de resistencia, de silencios. Imagino cuánto de aquello se quedó dentro de ti, incluso cuando ya habías vuelto a la vida de cada día.

Quizá entonces yo no supe entenderlo.
Quizá tampoco supe escuchar.

Hoy creo que muchas veces pedías ayuda sin decirlo, de esa manera silenciosa en la que algunos hombres de tu generación aprendieron a expresar el dolor: callando, aguantando, siguiendo adelante como si nada pasara. Y yo, que era hijo antes que nada, tampoco tenía las herramientas para comprender lo que había detrás de ese silencio.

Poco a poco nos fuimos separando. No solo tú y yo, también mis hermanos y tú. Como si la vida nos hubiera ido colocando en orillas distintas del mismo río. Y cuando uno se da cuenta de esa distancia, a veces ya ha pasado demasiado tiempo para saber cómo tender un puente.

Pero hoy no quiero quedarme en lo que faltó.

Hoy quiero recordarte.
Quiero homenajearte.

Porque también había en ti una parte hermosa, profunda, sensible: la que escribía poemas. La que encontraba en las palabras una forma de decir lo que quizá no siempre podías decir en voz alta. Tus poemas hablan de ti de una manera que quizá nosotros tardamos demasiado en descubrir.

Por eso hoy quiero enseñarlos. Quiero compartirlos, para que otros también puedan conocer esa parte de tu alma. Para que tu voz no se pierda en el tiempo. Para que, de alguna manera, sigas viviendo en cada verso que escribiste.

Tal vez esta carta llega tarde para muchas cosas.
Pero no llega tarde para decir lo más importante.

Te quiero, papá.

Y hoy siento tu ausencia como nunca. A veces el amor también se parece a esto: a comprender demasiado tarde algunas cosas, a mirar atrás con los ojos más abiertos, a desear haber abrazado más fuerte, haber escuchado mejor.

Dondequiera que estés, espero que de alguna forma puedas saberlo.

Tu hijo Juanfer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario